El liderazgo de María Corina Machado 2026

El liderazgo de María Corina Machado 2026

Una parte importante del respaldo que recibió el liderazgo de María Corina Machado no nació únicamente de su posición contra el chavismo. Eso sería una simplificación conveniente.

Su crecimiento político ocurrió porque muchos venezolanos la percibieron como una ruptura con dos estructuras que consideraban agotadas: el régimen y la oposición tradicional. Durante años construyó una imagen de confrontación no solo contra quienes ejercían el poder, sino también contra las prácticas, acuerdos y narrativas que caracterizaron a buena parte de la dirigencia opositora.

El riesgo de un Liderazgo de convertirse en aquello que se prometió combatir.

Por eso resulta legítimo preguntarse: ¿qué ocurre cuando una figura política que alcanzó relevancia precisamente por diferenciarse del establishment termina acercándose a éste?

La historia política está llena de líderes que fueron absorbidos por las mismas dinámicas que prometieron transformar. No porque cambiaran necesariamente sus principios, sino porque terminaron adaptándose y asimilándose a las estructuras que antes criticaban aún en contra de lo que una buena parte de sus seguidores puedan pensar al respecto.

Muchos de quienes la apoyaron en sus etapas iniciales más difíciles no se alejaron ahora porque se hicieran chavistas. Se alejaron porque comenzaron a percibir una contradicción entre el discurso original y las decisiones posteriores, y en el caso de María Corina Machado su ambigüedad ha sido manifiesta en múltiples circunstancias de su vida política.

Ese sector no cuestiona únicamente las estrategias electorales. Cuestiona algo más profundo: la sensación de que la lucha contra un sistema terminó subordinada a las reglas impuestas por ese mismo sistema. Apelar a la constitución chavista, a las instituciones chavistas, al sistema electoral chavista, incluso buscar anexiones políticas de factores del chavismo originario que fueron los arquitectos del colapso del país y a las mayores transgresiones que los venezolanos hayan conocido en tiempos de Paz en toda su historia republicana, resulta por lo menos incomprensible.

¿Puede entonces un liderazgo conservar su credibilidad cuando adopta las mismas estrategias que durante años presentó como parte del problema?

Y aquí aparece un problema que suele ignorarse.

Los partidos tradicionales pueden acompañar a un liderazgo mientras les resulte útil. Pero la política no funciona sobre la base de amistades permanentes sino de intereses permanentes. Quien crea que las alianzas coyunturales equivalen a lealtades duraderas probablemente terminará descubriendo lo contrario.

La pregunta no es si María Corina Machado sigue teniendo seguidores.

Evidentemente los tiene. La pregunta es cuántos de esos seguidores están comprometidos con principios y cuántos simplemente siguen la corriente dominante del momento.

Porque el electorado venezolano ha demostrado durante décadas una preocupante tendencia a delegar su criterio en líderes, partidos o referentes externos. Hoy siguen a unos. Mañana podrían seguir a otros. No necesariamente porque hayan cambiado sus convicciones, sino porque nunca las tuvieron demasiado claras.

Y ese es quizás el verdadero problema de fondo.

Venezuela ha invertido demasiada energía discutiendo nombres y demasiado poca discutiendo ideas. Se debate quién debe liderar, pero casi nunca qué modelo de país se quiere construir, qué límites debe tener el poder o qué instituciones deberían impedir que la historia vuelva a repetirse.

Para mas información sobre el problema del liderazgo, visite nuestro artículo: Venezuela 2026: ilusión democrática contra el poder real

Si María Corina Machado termina perdiendo parte del capital político que acumuló durante años probablemente no será por los ataques del chavismo. Tampoco por las campañas de desprestigio de sus adversarios.

Será porque ningún liderazgo puede sobrevivir indefinidamente a la percepción de incoherencia entre lo que prometió ser y aquello en lo que terminó convirtiéndose.

La pregunta incómoda no es qué ocurrirá con María Corina Machado.

La pregunta incómoda es otra:

¿Los venezolanos apoyan proyectos políticos o simplemente siguen figuras políticas hasta que aparece la siguiente?

Mientras esa pregunta siga sin responderse, el problema de Venezuela podría ser mucho más profundo que cualquiera de sus dirigentes.

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  • Enemigo de los enemigos de las Libertades Individuales | República de Ciudadana